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Ultra Sierra Nevada 2014, Sábado 14 de Septiembre - El cortafuegos del amanecer



Quéntar, 06:06. Km 22,4.

Tras reponer en el avituallamiento, especialmente líquido, ya que había comido hacía poco, salí con Marco del mismo, pero rápidamente le dije que en breve le alcanzaría, ya que tenía que parar un momento.


El dolor de barriga era ya insoportable, y sabía a qué se debía, así que desenfundé el papel de combate, busqué un lugar algo apartado entre unos setos al margen del camino y me puse a maniobrar.



Las maniobras tardaron más de lo previsto (tardé poco más de un cuarto de hora en completar ese kilómetro), pero al volver del camino era otro.

Me encontraba genial, algo dolorido en las pantorrillas por la posición mantenida, pero fresco física y mentalmente.


Había perdido varias posiciones, pero eso me ayudó al recuperar al ritmo, ya que los corredores que ahora avanzaban por mi zona iban a un ritmo sensiblemente superior al que yo llevaba, por lo que iba adelantando puestos sin un especial esfuerzo... hasta que me topé con una pendiente del 30%...


Eché mano a los bastones para afrontar el primer tramo de subida, del que no se veía el final, justo cuando un GPS marcó una vuelta, estimando que a ese ritmo, tardaríamos 9 horas y media en acabar la prueba.


Pese a mi forzada parada iba a la par que ese corredor, así que me vine arriba... Eché un ojo al reloj y vi que llevábamos cerca de 3 horas y media... ¡hacer 13 horas sería un tiempazo!


Acometí la subida muy motivado inicialmente, pero el paso de los metros y algún resbalón me hicieron plantearme el ascenso más tranquilo; luego, a medio cortafuegos, incluso algunos corredores me pasaban.


Una pareja que me adelantó, muy poco a poco, señaló que ya estaba a punto de amanecer, y apagó sus frontales; miré al cielo sin pararme y vi que era cierto, el cielo, algo nuboso, presentaba un crisol de colores y comenzaba a intuirse el albor en la lejanía.


Sin embargo, dejé mi frontal encendido para ver bien donde pisaba, ya que, en el marcado como kilómetro 25 según mi GPS, hubo un fugaz tramo de frenética bajada, antes de retomar de nuevo el cortafuegos.


Otro grupito de atletas se me acercaba por detrás, me sonaba la voz, pero no sabía de qué... y a los pocos metros, al marcar su GPS otra vuelta, caí en la cuenta de que era el mismo que había a mi par en el inicio de la subida, solo que esta vez, en lugar de motivarme, el GPS me hundió... "...ritmo estimado para completar la prueba... 19 horas, 15 minutos...".


Menos mal que estábamos en subida, y habíamos completado ya la más brusca si el perfil de la prueba no mentía.


Aun así me encontraba lento, a este paso vería sin dificultad ninguna antes de coronar el Alto de los Jarales...


Finalmente no fue así, aunque al llegar a la cumbre quedaba ya poquito y decidí apagar el frontal.


Las vistas eran increíbles, si hubiese tenido aliento, me habría quedado sin el al contemplarlas... un amanecer precioso, rodeado de montañas en 360º y yo, no en el punto más elevado, pero si en uno lo suficientemente elevado para permitirme apreciar las distantes cumbres... fue un momento mágico.


Prácticamente una hora eché en el cortafuegos, avanzando paso a paso, vigilando cada apoyo, controlando la respiración, bebiendo a pequeños buches cuando se me secaba la garganta del esfuerzo... pero había valido la pena.


No obstante, estaba bastante machacado, y mis piernas no reaccionaban al llegar a la cima, así que, pese a tener el desnivel a favor, recorrí más de una centena de metros andando antes de echar a trotar.


En ese espacio de tiempo aproveché para estabilizar mi pulso y respiración, escribir a Mayte, mi pareja, y mi madre, diciéndoles que estaba bien y contactaría con ellas en los próximos avituallamientos, y tratar de tomar una fotografía, pero mi cámara se negaba a reaccionar.


Las pantallas de mis dos móviles, además, estaban ralladas, posiblemente se darían algún golpe entre sí o con algo en algún momento; me sentí impotente por no poder inmortalizar el momento, pero el smartphone se me había quedado bloqueado (y tenía poca batería ya) y la cámara daba error de objetivo (a día de hoy no he podido arreglarla todavía).


Intenté grabar en mi retina cada kilómetro de la imagen que tenía ante mi y comencé a trotar, suave, mientras una pareja que avanzaba discutiendo en portugués me adelantaba.


Intenté ponerme a su ritmo, sin éxito, pero al menos el intento me sirvió para terminar de arrancar y comenzar a trotar colina abajo.


De repente, noté un toquecito en el hombro; "¡Matt!" Ahí estaba, sonriente, preguntándome que qué tal todo.


Pese a llevar un monólogo interior conmigo mismo sin saber muy bien por qué, se me trabó un poco la lengua al responderle, debido a la sorpresa y el cansancio posiblemente, pero al final nos entendimos.


Le pregunté que donde había estado, ya que pensaba que se encontraría muy por delante de mí, pero me dijo que no, que fui yo el que le adelantó.


Me dijo que el amanecer estaba transmitiéndole energía positiva, y que estaba cargando las pilas; me alegré mucho, ya que se le notaba solo con verlo, pero yo por mi parte me notaba más flojo que durante la noche, al igual que me pasó en el Andorra Ultra Trail Vallnord Mític, ya que en mi caso, al correr de noche, agudizo los sentidos y voy más concentrado.


Apreté el paso para no obstaculizarle, pero me dijo que iba bien detrás de mi, que no le molestaba.


Pegué un par de resbalones e incluso me caí de lado en una de las bajadas, por un mal apoyo simultáneo del antepié y el bastón izquierdo, pero me recuperé rápidamente y seguí bajando, ignorando a los compañeros que seguían a Matt y me decían que parase un segundo por si me había hecho daño.


Obviamente si, pero nada que no pudiese soportar; sin embargo, poco más adelante si que caí bien, al engancharme con unas zarzas y caer de culo sobre un par de ellas.


La malla se dañó un poco, pero las púas no llegaron a atravesarla, aunque en este caso, si que tuve que parar, además de necesitar la ayuda de Matt para levantarme.


Se ve que o al caer o al incorporarme me pinché también en uno de los pies (la fina membrana de las Skechers Go Bionic Trail no me protegieron en esta ocasión), y, notando una fuerte punzada en el pulgar derecho, tuve que parar un momento para ver qué me provocaba el dolor.


La respuesta, una gran púa que había atravesado calzado, calcetín y piel, dejando un pequeño cerco de sangre en el calcetín y una sensación de escozor bastante puñetera en mi dedo.


Aproveché para sacar tierra y piedrecitas de la zapatilla, e hice lo mismo con la izquierda; ya que tenía que parar, mejor aprovechar la parada.


Para cuando retomé la marcha no veía a Matt por ningún lado (le insistí en que no me esperase), pero, en vista de que ahora el terreno era más llano y nada técnico, apreté el paso y pronto lo tuve a la vista.


Dejando atrás el camino llegamos a una carretera, por la que avanzaban andando varios atletas que iban por delante de mí.


Pensé que era una tontería, ya que la pendiente no era muy elevada, pero el falso llano me doblegó finalmente a mi también y tuve que echar a andar, comenzando a notar pesadez muscular.


Resolví que tomaría un segundo sobrecito con sales en el próximo avituallamiento, cerca ya, según mi chuleta, ya que llevaba casi 5 horas de carrera y creía que me vendría bien.


A lo lejos comencé a ver el avituallamiento, así que eché a trotar, despacito, hasta que llegué a la entrada del mismo.


Pasé la Sport Ident Card y decidí ajustarme el cortavientos para que me cubriese ambas manos, ponerme una braga y cerrarme el cortavientos.


Las caídas me habían dejado un poco tocado y la parada y el tramo andando me habían enfriado bastante, necesitaba entrar en calor; por suerte, el astro rey no tardaría en hacer su aparición estelar.


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